Y es danzar con los pies descalzos, al son de la hoguera, alrededor de una canción frenética. Un ritmo gitano, la sangre arriba, abajo, al compás. El bailongo fuego de sus ojos, negros, que de tan negros que eran clareaban el cielo nocturno. Piel tostada de verano ancestral con misteriosas sombras creadas por el fulgor del fuego. Largas e incontables piernas de movimiento frenético, caótico, hermoso, vibrante, arcaico, hipnotizante. Un grito de calor, de furia, rabia, alegría y libertad.
Mirala, cómo mira, siempre mirando sin miramiento en su eterna vigilancia con forma de luna. La Luna Luna. Y bajo ella la libertad, era todo piernas, fuego, gritos. Ancestral.

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