Hoy, desde hace mucho tiempo escribo;
te escribo. Me escribo.
Lo hago por poder volver a verte
sonreír, por verme sonreír. Por ver en tu
sonrisa lo que quiero que vuelva de mí.
La ilusión del niño, juguetón, alegre
y manchado de barro en la puerta de
casa.
Pienso, un segundo vi tu pelo; mas no te vi
la boca ni me asomé de nuevo a tus ojos. Tu
espalda sigue siendo un río de viajes y sueños.
Puertas, ventanas. Taconeo. Los grillos.
Y una palabra tan bonita como rododendro.
Neomodernismo casero y apurado.
Que es tarde. Y he de dormir.


No hay comentarios:
Publicar un comentario