Esqueleto



lunes, 1 de septiembre de 2014

      Hoy, desde hace mucho tiempo escribo;
 te escribo. Me escribo.

      Lo hago por poder volver a verte
 sonreír, por verme sonreír. Por ver en tu
 sonrisa lo que quiero que vuelva de mí.

      La ilusión del niño, juguetón, alegre
 y manchado de barro en la puerta de
casa.

      Pienso, un segundo vi tu pelo; mas no te vi
la boca ni me asomé de nuevo a tus ojos. Tu
espalda sigue siendo un río de viajes y sueños.

      Puertas, ventanas. Taconeo. Los grillos.
Y una palabra tan bonita como rododendro.

      Neomodernismo casero y apurado.
Que es tarde. Y he de dormir.




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