Esqueleto



jueves, 4 de enero de 2018

La mejor época de mi vida.

Cuando pierdes algo, tienes que tener el cuidado de no ahogarte en el recuerdo de lo que has perdido mientras aún es posible volver a encontrarlo.

Hoy tengo la cabeza de un fulgor negro, de la más elegante de las seducciones. El brillo exento de luz del negro más puro y elegante, la oscuridad que adoro que me abrace por las noches y me suma en la tranquilidad y la paz de los sueños sin rostro. Tengo la cabeza llena de risas, sonrisas, besos; tengo la cabeza llena de rojo, un rojo tan intenso como la idea de amor o de pasión, un rojo ideal, imposible; un rojo que no se ve con los ojos, sino que entra por otro de los sentidos, se siente, se ve con los labios o las manos... un rojo tan difícil que cuando dejas de verlo lo pierdes, pero que en cuanto cierras los ojos no deja de estar presente.

Tengo la cabeza llena de blanco, de la paz y la tranquilidad de un despertar seguro, de las mañanas más dulces que nadie haya escrito con dos cuerpos humanos. Tengo la cabeza llena de susurros, de gritos, de golpes, de bromas, de labios mordidos y ojos pícaros.

Tengo la cabeza llena, noto la ausencia a lo lejos; el dolor, la tristeza y la desesperación que amenazan con dejar de hacerme consciente si sigo flotando en la extraña semifelicidad que ocupa mi cabeza. 

Os juro que no me entiendo... y de repente mi cabeza ha dejado de estar llena, ahora está vacía, y me mira llena de reproche, culpándome por todo lo que pasa en mi mundo y diciéndome que ya es hora de despertar, que ha sido una siesta muy larga, que se acabó la adolescencia. Del todo.

martes, 25 de noviembre de 2014


Mírame. Mírame y dime qué ves. Dime qué ves en el espejo. Ambos somos humanos en él. 
¿Cuándo has cambiado? ¿En que momento empezaste a sentir que no somos iguales?

¿Acaso has dejado de ser humano?

Mirar a los ojos de una mujer es como asomarse al más
temible de los abismos.
Puedes quedarte perdido para siempre en ellos.
Vértigo.

¿Acaso has dejado de ser como yo?

Yo no te veo distinto. Tu barba es tuya. Tus dedos son tuyos. Y también tu nariz.
¿Por qué no lo ves así? No soy frágil como tú crees. Pero no solo lo físico me hace daño.

¿Acaso no eres capaz de sentir?

Amar a otra persona es la empresa más dura que se puede comenzar.
Y empezar algo y no terminarlo es de cobardes, te lo digo yo, que de esto sé un rato.
El amor no es un juego de niños.
Y tampoco es el amor de Hollywood.

Mira en tu interior.

Yo sigo siendo un ser humano, igual que antes. Te miro, repaso cada número de tu cuerpo y no puedo dejar de ver a otro ser humano.


Entonces, ¿eres humano?


domingo, 19 de octubre de 2014

¿Qué quieres que te cuente?

   Qué quieres que te cuente que no sepa yo ya. Puede que sea eso, contaré una historia:


    Érase una vez un conejo. Un conejo joven, y corto de edad. Un conejo no menos apuesto que otro, sin ningún rasgo característico, sin diferencia de sus hermanos de camada; orejas colgantes y dientes largos. Pero no le gustaba comer zanahoria.
    El huerto humano al lado del cual vivían estaba ordenado por especies, y la zanahoria era la que estaba más cerca de la caseta del perro (no muy amigable) y del hombre de paja. Muchos de los de su especie se arriesgaban cada día por conseguir un trozo de ese anaranjado manjar que les hace los dientes agua a los conejos Pero nuestro conejo se resignaba a mordisquear los repollos del fondo del jardín donde rara vez encontrábanse con el dueño de ese trozo de tierra.
    Un día, como tantos otros, llovió. De vuelta a casa el conejo se encontró con una zanja anegada por el agua de la lluvia y tuvo que torcer para buscar otra ruta. A causa del frenesí de la tormenta que aumentaba el ritmo del coranzoncillo del conejo, este no se dio cuenta de que giraba hacia aquella zona a la que no se acercaba. Las zanahorias.
     Encontrándose de frente con el color naranja de las alargadas zanahorias y pensando que con total seguridad, de que aquella no salía decidió morder una de las joyas del huerto.

     Boom.


     El conejo no probó la zanahoria, saboreó el miedo, la prohibición, la temeridad, el desenfreno. Y, por supuesto, quiso volver a hacerlo.






Creo que no es una zanahoria exactamente en lo que pienso
y puede que ni siquiera el deseo esté creado por lo escrito ahí arriba
pero sabe Dios que algún demonio del sentimiento me vuelve a apretar el pecho.

Intentar convencerte de que es capricho lo que tu estomago llama amor es como disparar en movimiento: una mierda. Y difícil.

lunes, 13 de octubre de 2014

Do I hear?

Hearing some voices, sounds like destruction. I feel black. Ancient. Voces del pasado, remotas, insondables; de metal, gélidas. Me bailan. Un son macabro. Es la voluntad de mi yo extasiada por el lenguaje de la naturaleza misma.

But I just hear destruction. Don't know how, I know it. Y es como una lágrima eterna en la mejilla pero por dentro. Infinita, infinitamente triste. Como siendo el fin de algo, algo que nunca ha empezado por no atreverse a empezar.

And I told you to be patient as I have never been kind. Remeber you. Y te lloro cada noche. No eres de este mundo, ni yo te he visto en esta vida, pero por lo más sagrado que sé que estás ahí, dondequiera que ahí sea, siempre y cuando haya un ahí y un aquí.

I'm the fury in my head.



domingo, 14 de septiembre de 2014

Make me dance.



Make me dance, y hazme saltar también. Hazme dar vueltas y gritar. Y hazme saltar también. Hazme bailar, saltar, correr, disfrutar, sonreir, reir y volver a gritar; y hazme saltar.

El ritmo de la vida no es fijo, es el flujo de tus palabras, en mi oído. Es lo que me hace correr cuando llueve, correr en círculos, buscando una mayor porción de naturaleza. Sentirse vivo no tiene precio, sentir el vivir tampoco. No sabes lo que vale la pena hasta que lo haces, descubres incluso lo que vale un peine; pero solo si me haces saltar, y gritar.

lunes, 1 de septiembre de 2014

      Hoy, desde hace mucho tiempo escribo;
 te escribo. Me escribo.

      Lo hago por poder volver a verte
 sonreír, por verme sonreír. Por ver en tu
 sonrisa lo que quiero que vuelva de mí.

      La ilusión del niño, juguetón, alegre
 y manchado de barro en la puerta de
casa.

      Pienso, un segundo vi tu pelo; mas no te vi
la boca ni me asomé de nuevo a tus ojos. Tu
espalda sigue siendo un río de viajes y sueños.

      Puertas, ventanas. Taconeo. Los grillos.
Y una palabra tan bonita como rododendro.

      Neomodernismo casero y apurado.
Que es tarde. Y he de dormir.




jueves, 24 de julio de 2014

Debajo de tu nariz.

  Son mis ojos que añoran tu color canela, tu piel de plata y tu figura esbelta. Apoyos de la silla de mis sueños, altaneras al mirar.

  Principalmente he adorado al Sol en cada momento de mi consciente existencia, pero hoy me doy cuenta de que es la Luna la que me guía y me conquista. Estoy moreno de amarla como un  recién nacido al pecho de su madre, en religiosa lactancia de la energía de la vida. He soñado despierto que mis sueños no existen, que la realidad es mentira, y que por ello la mentira es real y fluye elegantemente de un sitio a otro. En tus labios. Y no sin más el sol atraerme hacia sus llamas cálidas y ancestrales sigue la Luna (tuya) convirtiéndome en un mercenario de la naturaleza, al servicio de lo mamífero y carnal.