Esqueleto



miércoles, 2 de enero de 2013

Vientos de cambio.

    Solo queda una luz encendida en esta triste ciudad. Brillan los ojos en la ventana, brillan llorosos los de una damisela que sufre por un príncipe gañán. El príncipe le había prometido rosas y abrazos pero, por encima de todo, juró lealtad. Pues bien, vino la noche fría en que la dama decidió llorar, había encontrado a su príncipe copulando con una prostituta de engañoso caminar.

   Moño en alto, cigarro en mano: intentando olvidar. Ojos orgullosos ahora vidriosos culpan a una infancia rosa entre hadas madrinas, príncipes apuestos y perdices sabrosas. No lloraba ya, al menos no por fuera, tampoco maldecía, al menos no a otra que a sí misma. Sus únicos pensamientos eran de cambiar.

   Qué imagen más tranquila, que paz; la pequeña princesa durmiendo sin más, soñando con nuevos vientos que la puedan despeinar.


Ya no era una niña, era una mujer, una mujer decidida a caminar.






@Ganjamusino

No hay comentarios:

Publicar un comentario