Moño en alto, cigarro en mano: intentando olvidar. Ojos orgullosos ahora vidriosos culpan a una infancia rosa entre hadas madrinas, príncipes apuestos y perdices sabrosas. No lloraba ya, al menos no por fuera, tampoco maldecía, al menos no a otra que a sí misma. Sus únicos pensamientos eran de cambiar.
Qué imagen más tranquila, que paz; la pequeña princesa durmiendo sin más, soñando con nuevos vientos que la puedan despeinar.
Ya no era una niña, era una mujer, una mujer decidida a caminar.
@Ganjamusino

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