Esqueleto



sábado, 23 de noviembre de 2013

Yniug.

         Ya no soy lo que era. Noto la distancia entre como solía ser lo que veía y en como lo veo ahora. La seriedad  cuando aplicarla. He perdido el interés en las que no sportaba interesarme, así como he perdido interés en otras tantas que no me importaban excesivamente. He dejado aparcada la introspección para momentos más aislados pero más intensos. He sonreido a la vida mirándola a sus ojos verde marino, observando cada una de las arrugas que se le forman al sonreir al viento que la arrulla. He levantado una mano para acabar levantando las dos griando libertad en silencio pero en paz con la mayoría de mis demonios. He soltado miles de ataduras y me he quedado con las que me dan calor en las noches frías del invierno de la meseta. He dado un paso adelante sin moverme de mi soledad risueña y ensoñadora, envuelta en humo, en vaho y en mi nariz roja de frío. Juegan saltarines mis ojos en las curvas del mundo que me rodea. Y yo sin saber porqué. Quiero saber qué me ha cambiado para poder olvidarlo de una vez.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La luz anaranjada...



La luz anaranjada, casi marrón, caía oblicua sobre las hojas de los tres avellanos; creando un aura color marrón gracias a la luminosidad  de las hojas en las ramas coloreadas por el otoño y tantas como había por el suelo.
Un perro ladrando y corriendo sin rumbo por el verde, verde jardín, en una muestra de euforia natural impuesta por la magia del anaranjado atardecer otoñal.
Un pequeño gato, anaranjado también, corría revoltoso entre los montones de hojarasca apilada alineados a lo largo del senderito que adorna los tres risueños avellanos. Jugueteaba al son de una pala, al barrido de un rastrillo. De derecha a izquierda, agazapado o saltando, pero sin perder la gracia en el gesto, la delicadeza de su elegante porte gatuno.
Y mirándolos a todos ellos estaba él, bailando con el rastrillo o enfrentándose a la pala; apilando y recogiendo la hojarasca, emocionado por el anaranjado ambiente otoñal. El olor a humedad, el frío como puñales clamando la proximidad del invierno en la meseta. Pero allí sigue impasible y risueño, con la pala o el rastrillo, cuidando de la paz reinante; guardián entre los avellanos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La esencia del suelo.

  Hace tiempo que dejó de ser un juego. Todos esos remolinos de icomprensión, de política barata, demagogos de la palabra verdad. Demasiados críticos poco objetivos, prostituyéndose por un poco de atención. Y todos esos evitando mirar por el temor que les causa ver, por el temor que les causa darse cuenta del terror, del dolor, del hambre, de la injusticia... Por aquellos que aún defienden el sistema capitalista que no hace si no que acumular entropía y malestar destinando el sistema a estallar. Ese sistema del que tanto se habla y que no existe, la ley del más fuerte. Pobres en las calles, familias sin luz, sin casa y niños desnutridos.

   Un pueblo asentado y acomodado en sus sofás.


"El bumerán vuelve furioso al brazo que lo lanza."